La celebración fue reconocida por la Asociación Europea de Dislexia, a propuesta de diversas organizaciones de familias relacionadas con esta condición. En la población infantil de entre 7 y 9 años, se estima que la dislexia está presente entre 3 y 6% de los niños, con una mayor incidencia en varones.
La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje de origen neurobiológico y hereditario que puede dificultar principalmente la lectura y la escritura. También puede repercutir en la comprensión, la memoria a corto plazo, la orientación espacial y temporal, la coordinación psicomotriz y el aprendizaje de las matemáticas.
Entre sus principales manifestaciones se encuentran la lectura poco fluida, errores al escribir, cambios en el orden de las letras, problemas de ortografía y dificultades para reconocer determinadas palabras. Existen diferentes tipos, entre ellos la dislexia fonológica, superficial y mixta o profunda.
Las dificultades asociadas con esta condición pueden generar estrés, ansiedad, baja autoestima, problemas escolares, bullying e incluso deserción. Por ello, su atención requiere una evaluación adecuada y, cuando sea necesario, la participación de especialistas como neuropsicólogos, neurólogos, pediatras, logopedas y otros profesionales.
El acompañamiento familiar también es fundamental. Brindar apoyo emocional, reconocer las fortalezas de los niños, mantener comunicación con los docentes y establecer espacios adecuados para estudiar puede contribuir a fortalecer sus habilidades y confianza.
La dislexia no representa una falta de inteligencia ni un fracaso personal, sino una condición que requiere estrategias educativas específicas y comprensión por parte del entorno.