Entre música, color, recuerdos y profundas muestras de identidad mexicana, las calles de la Ciudad de México se transformaron este sábado en un escenario de fiesta y tradición con la décima edición del Gran Desfile de Día de Muertos 2026, que reunió a un millón 600 mil personas, de acuerdo con cifras de las secretarías de Gobierno y de Seguridad Ciudadana.
Miles de familias se congregaron desde temprana hora para disfrutar de una celebración que evocó el camino de las almas hacia el Mictlán y recordó que, en México, la muerte no significa olvido, sino una oportunidad para mantener vivos los recuerdos y honrar a quienes dejaron una huella en nuestras vidas.
El recorrido comenzó a las 14:00 horas en la Glorieta de la Diana Cazadora, con dirección al Zócalo capitalino. A su paso por Paseo de la Reforma, bandas musicales, danzantes, catrinas, mojigangas y espectaculares carros alegóricos llenaron de alegría las calles, mientras niñas, niños y adultos admiraban cada representación de las tradiciones mexicanas.
La celebración estuvo encabezada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, y ofreció un recorrido por las raíces prehispánicas y las distintas expresiones culturales del país. Entre los momentos más emotivos destacó el homenaje al cantautor Juan Gabriel, cuyo legado musical acompañó uno de los carros alegóricos, así como un globo monumental dedicado al escritor Juan Rulfo.
Las tradiciones de Michoacán también tuvieron un lugar especial con el carro alegórico “Cantares de mi lago”, que rindió homenaje a las comunidades purépechas y a la riqueza cultural de los pueblos que rodean el lago de Pátzcuaro. A ello se sumaron danzas tradicionales, música de batucada, cumbia colombiana y ritmos sonideros de la Central de Abasto de Iztapalapa.
Con más de cuatro mil participantes, 12 carros alegóricos, dos globos monumentales, 14 comparsas ciudadanas y 11 organismos nacionales e internacionales, el desfile convirtió una vez más a la capital en un espacio de encuentro entre generaciones.
Más allá del espectáculo, la celebración dejó imágenes de familias reunidas, abuelos compartiendo tradiciones con sus nietos y pequeños descubriendo el significado de una de las festividades más representativas de México. Una jornada en la que la música, las flores, las calaveras y los recuerdos demostraron que, mientras alguien mantenga viva la memoria, quienes se han ido nunca desaparecen del todo.
