El gobierno de Estados Unidos concretó su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una decisión impulsada por el presidente Donald Trump y respaldada por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr.
Durante el anuncio, Kennedy y el secretario de Estado, Marco Rubio, señalaron que la OMS perdió el rumbo de su misión, cuestionaron su actuación durante la pandemia de covid-19 y acusaron al organismo de falta de transparencia e influencia política de algunos países miembros.
El proceso inició el 20 de enero de 2025, mediante una orden ejecutiva de Trump, y culminó con la suspensión del financiamiento estadounidense y el retiro del personal que colaboraba con la organización.
Estados Unidos era uno de los principales financiadores de la OMS, con aportaciones de cientos de millones de dólares al año. La salida genera preocupación por el impacto que podría tener en programas internacionales contra enfermedades como el sarampión, la malaria y la poliomielitis, así como en la vigilancia de brotes y el desarrollo de vacunas.
Mientras la administración Trump sostiene que la medida fortalecerá la soberanía nacional, especialistas advierten que podría reducir la influencia de Washington en la salud mundial y favorecer un mayor liderazgo de otras potencias dentro del organismo.