Al menos 227 personas murieron tras el colapso de una mina de coltán en Rubaya, al este de la República Democrática del Congo, una región clave para la minería mundial y actualmente controlada por el grupo rebelde AFC/M23.
El derrumbe ocurrió el miércoles, cuando una ladera se deslizó debido a las intensas lluvias, sepultando a mineros artesanales, así como a mujeres y niños que se encontraban en la zona.
Un segundo deslizamiento el jueves dificultó las tareas de rescate y elevó el número de víctimas.
Autoridades locales confirmaron que más de 200 personas fueron afectadas, varias de ellas con heridas graves, mientras que al menos 20 permanecen hospitalizadas. Aunque las labores de búsqueda continúan, las cifras oficiales ya ubican este accidente como uno de los más mortales en la historia reciente de la minería artesanal en la región.
Rubaya produce entre el 15% y el 30% del coltán mundial, mineral esencial para la fabricación de dispositivos electrónicos y equipos industriales. La mayoría de los trabajadores extrae el material de forma manual y en condiciones extremadamente precarias, sin medidas de seguridad ni supervisión técnica, lo que incrementa los riesgos, especialmente durante la temporada de lluvias.
El este del Congo, marcado por décadas de violencia, concentra gran parte de las reservas globales de coltán. Según la ONU, el M23 mantiene en Rubaya un sistema de control paralelo que le permite regular la explotación y obtener recursos económicos para financiar sus operaciones. Informes estiman que el grupo rebelde recauda hasta 800 mil dólares mensuales mediante impuestos ilegales y peajes mineros.
Más del 70% de la actividad minera en Kivu del Norte es artesanal, lo que, combinado con el conflicto armado y la falta de regulación, convierte a la región en una de las más peligrosas del mundo para trabajar en la extracción de minerales.