El papa León XIV recuperó una de las tradiciones más representativas del Vaticano al instalarse oficialmente en el apartamento papal del Palacio Apostólico, residencia que permaneció sin ocupación permanente durante más de trece años.
La mudanza fue confirmada por Matteo Bruni, quien explicó que el pontífice tomó posesión de los aposentos el 14 de marzo, nueve meses después de haber sido elegido en el cónclave.
La decisión representa un cambio simbólico respecto al pontificado de Francisco, quien desde 2013 prefirió residir en la Casa Santa Marta, un alojamiento más sencillo dentro del territorio vaticano.
El Palacio Apostólico, situado en el Ciudad del Vaticano, es uno de los complejos arquitectónicos más relevantes del catolicismo y funciona como centro administrativo de la Santa Sede.
La residencia privada del Papa se ubica en la tercera logia del edificio y está integrada por cerca de diez habitaciones destinadas tanto a las labores pastorales como a la vida personal y a la gestión de asuntos diplomáticos.
Entre los espacios más importantes se encuentran el despacho privado, el dormitorio, una capilla particular, comedor y áreas destinadas a colaboradores cercanos. También incluye una suite médica para atención sanitaria y la llamada “habitación de la ventana”, desde donde el pontífice saluda a los fieles y dirige el tradicional rezo del Ángelus hacia la Plaza de San Pedro.
La capilla privada resguarda además reliquias de San Pedro, consideradas entre los elementos espirituales más significativos del recinto.
Con más de mil habitaciones, el Palacio Apostólico funciona simultáneamente como sede de gobierno y espacio museístico del Vaticano.
Antes de trasladarse, León XIV solicitó una renovación integral del apartamento papal, luego de detectarse problemas de humedad, filtraciones y sistemas eléctricos obsoletos.
Los trabajos se extendieron durante aproximadamente nueve meses e incluyeron la modernización de las instalaciones eléctricas y de fontanería, además de la restauración de varias áreas que presentaban deterioro tras más de una década sin uso residencial.