El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que el gobierno de Donald Trump no pretende imponer su voluntad a Europa, sino redefinir la relación transatlántica sobre bases de colaboración. Sus declaraciones se dieron tras la polémica generada en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde su mensaje previo fue interpretado como una exigencia de alineación total.
Rubio explicó, durante su visita a Eslovaquia y Hungría, que Washington aspira a una alianza renovada con Europa: una relación entre socios, no de dependencia. Aseguró que el objetivo es trabajar en conjunto, respetando la autonomía y el peso político del bloque europeo.
Un día antes, Rubio había instado a los gobiernos europeos a respaldar la visión global de Trump, lo que provocó inquietud entre diplomáticos. Sin embargo, al día siguiente adoptó un discurso más conciliador, subrayando que EU desea una cooperación estrecha con sus aliados.
Desde Bruselas, la alta representante Kaja Kallas valoró el giro en el tono, pero defendió la fortaleza del bloque. Rechazó calificativos que presentan a Europa como “decadente” y sostuvo que la región no enfrenta una amenaza existencial por la migración, como ha sugerido Trump.
La gira de Rubio destaca el acercamiento a gobiernos de corte soberanista. En Bratislava se reunió con el primer ministro Robert Fico, con quien abordó la guerra en Ucrania. Fico elogió los esfuerzos de Trump para frenar el conflicto, aunque admitió que una solución no será inmediata.
El recorrido continúa en Budapest, donde se prevé un encuentro con Viktor Orbán, uno de los aliados europeos más cercanos a Trump.
Eslovaquia y Hungría, sin salida al mar, dependen en gran medida del gas y petróleo rusos. Mientras la Unión Europea impulsa sanciones, Washington ha otorgado excepciones a Budapest. Este margen energético se ha convertido en una palanca para fortalecer la relación entre EU y estos países, ofreciendo una vía pragmática frente a las restricciones de Bruselas.