En el marco de una operación militar a gran escala, fuerzas de Estados Unidos e Israel confirmaron la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, de 86 años, quien ocupó durante 36 años el máximo cargo político y religioso de la República Islámica.
El anuncio fue hecho inicialmente por el presidente estadounidense Donald Trump, quien calificó al ayatolá como “una de las personas más malvadas de la historia”. Horas después, la televisión estatal iraní ratificó el fallecimiento y decretó 40 días de luto nacional.
El ataque, denominado por Israel como “Operación Rugido de León”, fue presentado como una acción preventiva dirigida contra lanzadores de misiles balísticos y sistemas de defensa antiaérea en territorio iraní. Según el ejército israelí, se emplearon cerca de 200 aviones de combate y se impactaron al menos 500 objetivos estratégicos.
Entre las víctimas mortales figuran siete altos mandos militares y políticos cercanos a Jamenei, incluido el jefe de los Guardianes de la Revolución, además de su hija, yerno y nieta. Las cifras oficiales de la Media Luna Roja reportaron 201 personas fallecidas y 747 heridas en todo el país.
Asimismo, se confirmó un bombardeo contra una escuela primaria en Minab que dejó 108 estudiantes muertos, elevando la conmoción tanto dentro como fuera de Irán.
Tras conocerse la muerte del líder supremo, los Guardianes de la Revolución prometieron una represalia “sin precedentes” contra Israel y Estados Unidos. En respuesta, Irán lanzó misiles y drones hacia territorio israelí y contra bases militares estadounidenses en varios países de Oriente Medio.
Los ataques alcanzaron zonas de Qatar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak, ampliando el conflicto más allá de las fronteras iraníes. También se reportaron explosiones en diversas ciudades iraníes, entre ellas Isfahán, Qom y Tabriz.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostuvo que existían “numerosos indicios” de la muerte de Jamenei antes de la confirmación oficial y defendió la ofensiva como una medida necesaria para impedir que Irán desarrollara armas nucleares.
Tanto Trump como Netanyahu alentaron públicamente a la población iraní a levantarse contra el régimen. Desde su residencia en Mar-a-Lago, el mandatario estadounidense instó a los ciudadanos a “tomar el poder” y aseguró que la libertad estaba al alcance.
Un informe del Consejo de Relaciones Exteriores advirtió que la caída de Jamenei podría desestabilizar aún más Oriente Medio y aumentar el riesgo de ataques por parte de milicias aliadas de Irán, así como una posible escalada nuclear, ante las preocupaciones internacionales por el enriquecimiento de uranio en el país.
La muerte del ayatolá ocurre tras semanas de tensiones y negociaciones indirectas entre Washington y Teherán, mediadas por Omán, en torno al programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones económicas.