La guerra en Irán se intensificó luego de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques masivos contra miles de objetivos estratégicos dentro del país, como parte de su ofensiva conjunta tras la muerte del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. De acuerdo con la Media Luna Roja iraní, los bombardeos han dejado más de 550 personas fallecidas.
En respuesta, Irán incrementó sus operaciones militares contra Israel y otros puntos en Medio Oriente. Los enfrentamientos provocaron la muerte de cuatro militares estadounidenses, mientras que tres aviones de combate de Estados Unidos fueron derribados por fuego amigo procedente de Kuwait. Además, se reportaron once víctimas mortales en Israel y fallecimientos adicionales en Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin.
El conflicto también se extendió al Líbano, donde el grupo Hezbollah, respaldado por Teherán, lanzó misiles contra territorio israelí, lo que desató una contraofensiva inmediata. Autoridades libanesas informaron que los ataques dejaron decenas de muertos.
En el plano político, el responsable de seguridad nacional iraní, Ali Larijani, aseguró que su país no entablará negociaciones con Estados Unidos, desmintiendo declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había afirmado que funcionarios iraníes estaban dispuestos a dialogar.
Mientras tanto, en Irán se preparan cambios en la cúpula del poder tras la muerte de Jamenei. El clérigo Alireza Arafi forma parte del Consejo de Liderazgo provisional junto con el presidente Masoud Pezeshkian y el jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, quienes prevén designar pronto a un sucesor.
El impacto del conflicto ya se refleja en la economía mundial. El precio del petróleo ha registrado un alza significativa debido a la afectación en el suministro, mientras varios países aceleran la evacuación de sus ciudadanos de los Estados del Golfo ante los ataques iraníes, en un contexto marcado por cancelaciones de vuelos y cierres de aeropuertos.