El jefe del Consejo Superior de Seguridad de Irán, Alí Larijani, aseguró que su país no teme a las advertencias del expresidente estadounidense Donald Trump, quien amenazó con atacar con fuerza a Teherán si intenta bloquear el tránsito petrolero por el estrecho de Ormuz. El funcionario iraní calificó esas declaraciones como “amenazas vacías”.
En medio del conflicto, se reportaron explosiones en Doha, capital de Catar, donde las autoridades informaron que interceptaron un misil y pidieron a la población resguardarse. El gobierno catarí condenó además ataques contra infraestructura civil.
Al mismo tiempo, se registraron nuevas detonaciones en Teherán, mientras el ejército de Israel confirmó una nueva oleada de bombardeos contra objetivos iraníes. También se reportó un ataque cerca de la ciudad libanesa de Tiro, dirigido contra posiciones vinculadas a Hezbolá.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que las operaciones militares están debilitando al poder iraní, aunque advirtió que la ofensiva aún no ha terminado. En paralelo, sirenas antiaéreas sonaron en Jerusalén ante alertas por misiles lanzados desde Irán.
La tensión también se extendió a otros países de la región: Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Kuwait informaron haber interceptado drones iraníes, mientras que Baréin reportó víctimas tras el impacto de un ataque en su capital, Manama.
Ante la expansión del conflicto, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja solicitó más de 50 millones de dólares para apoyar a millones de personas afectadas en Irán. Paralelamente, la petrolera Saudi Aramco advirtió que una guerra prolongada podría provocar graves consecuencias para los mercados energéticos y la economía mundial.
El conflicto también ha tenido efectos en el mercado: el precio del petróleo cayó cerca de 10% en Asia después de que Trump afirmara que la guerra podría terminar pronto, tras haber superado los 100 dólares por barril el día anterior.