Cada 23 de marzo se conmemora el Día Meteorológico Mundial, una fecha establecida para recordar la entrada en vigor del acuerdo que dio origen a la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo internacional cuyo propósito es contribuir a la seguridad y bienestar de la población a través del estudio del clima y los fenómenos atmosféricos.
En esta jornada participan más de 180 países integrantes de la OMM, los cuales desarrollan actividades centradas en un tema específico de interés global. Para 2025, el lema es “Cerrar juntos la brecha de la alerta temprana”, con el objetivo de impulsar sistemas que permitan advertir con anticipación sobre fenómenos naturales peligrosos.
La organización ha señalado que 2024 fue el año más cálido del que se tenga registro, situación que refleja los cambios acelerados en el clima del planeta. Como consecuencia, se presentan fenómenos meteorológicos cada vez más intensos, entre ellos ciclones más poderosos, lluvias extremas, sequías prolongadas, inundaciones y tormentas de arena y polvo.
Ante este panorama, se promueve que todos los países cuenten con sistemas de alerta temprana capaces de avisar a la población sobre posibles desastres. Aunque los fenómenos extremos no siempre pueden evitarse, la información oportuna puede ayudar a reducir riesgos y salvar millones de vidas.
La meteorología es la ciencia dedicada al estudio de los procesos que ocurren en la atmósfera, como el clima, los vientos y las precipitaciones. Su desarrollo resulta clave para comprender los cambios ambientales y anticipar sus efectos.
En las últimas décadas, el incremento de huracanes, tormentas eléctricas, sequías, incendios forestales e inundaciones ha evidenciado la gravedad del cambio climático, fenómeno que ha provocado alteraciones en ecosistemas, pérdida de biodiversidad y graves impactos para la humanidad.
Por ello, la conmemoración del Día Meteorológico Mundial busca crear conciencia sobre la importancia de proteger el clima y el medio ambiente, así como impulsar acciones globales que permitan reducir los riesgos de desastres y enfrentar los desafíos climáticos del futuro.