Este lunes 16 de marzo Cuba registró un nuevo apagón masivo luego del colapso de su red eléctrica nacional, lo que dejó sin suministro de energía a cerca de 10 millones de personas en medio de una severa crisis energética que el gobierno atribuye al bloqueo económico de Estados Unidos y a restricciones en el suministro de combustible.
La empresa estatal Unión Nacional Eléctrica de Cuba (UNE), encargada de operar el sistema eléctrico, informó a través de redes sociales que se produjo una “desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional” y que se iniciaron los protocolos para restablecer gradualmente el servicio, mientras se investigan las causas del incidente.
Este corte se suma a una serie de apagones generalizados que han afectado a la isla en los últimos meses y que, en algunos casos, han durado horas o incluso días. Durante el fin de semana previo, los prolongados cortes de energía provocaron manifestaciones inusuales en el país gobernado por el Partido Comunista.
Los problemas eléctricos se han agravado en un contexto de crisis económica y energética. La situación se complicó después de que la administración de Donald Trump restringiera los envíos de petróleo desde Venezuela —principal proveedor energético de la isla— y amenazara con sanciones a países que vendan combustible a Cuba.
A principios de marzo, gran parte del territorio cubano ya había sufrido otro apagón que afectó aproximadamente dos tercios del país, incluida la capital, La Habana. La generación eléctrica de la isla depende en gran medida de antiguas plantas termoeléctricas, muchas con más de cuatro décadas de operación, lo que agrava la fragilidad del sistema.
En los últimos meses, los habitantes también han tenido que soportar extensos cortes programados de electricidad. En la capital se han reportado interrupciones superiores a 15 horas diarias, mientras que en algunas provincias los apagones pueden prolongarse más de un día.
Ante la escasez de combustible —ya que desde el 9 de enero no ha llegado ningún tanquero a la isla— el gobierno de Miguel Díaz‑Canel ha implementado medidas de ahorro energético, como la suspensión de la venta de diésel, el racionamiento de gasolina y la reducción de ciertos servicios hospitalarios.
Mientras Washington justifica sus sanciones argumentando que Cuba representa una “amenaza excepcional” para su seguridad nacional por sus vínculos con países como China, Rusia e Irán, La Habana sostiene que estas medidas buscan asfixiar la economía de la isla, sometida a embargo estadounidense desde 1962.