La epilepsia es uno de los padecimientos neurológicos más comunes y continúa representando un reto para la medicina, sobre todo en aquellos casos en los que los pacientes no logran controlar las crisis mediante tratamiento farmacológico. Ante esta situación, la cirugía se ha consolidado como una opción efectiva para disminuir los episodios y mejorar la calidad de vida.
En este contexto, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” (INNN) ha desarrollado investigaciones que respaldan la utilidad de este procedimiento. Un ejemplo es el estudio titulado “Análisis retrospectivo de costo-efectividad en pacientes con epilepsia fármaco-resistente operados en el instituto del 2023 al 2024”, elaborado por el neurólogo Carlos Eduardo Diéguez Campa.
La investigación consideró a 36 pacientes mayores de 18 años con epilepsia resistente a medicamentos, comparando los resultados clínicos y los costos entre la cirugía y el manejo médico. Después de la intervención, el 25 por ciento de las personas logró quedar libre de crisis, mientras que el 75 por ciento restante experimentó una disminución considerable en la frecuencia de los episodios, al pasar de hasta 30 crisis mensuales a un promedio de dos.
Asimismo, se detectó una reducción importante en la necesidad de hospitalizaciones de urgencia. Antes de la cirugía, las estancias podían prolongarse entre cuatro y cinco días; posteriormente, se redujeron a menos de 24 horas, lo que favorece tanto el bienestar de los pacientes como la optimización de recursos en el sistema de salud.
El especialista señaló que, aunque la epilepsia puede tratarse, aún existen importantes limitaciones para acceder a diagnóstico y atención oportuna. En México, apenas cerca del 40 por ciento de las personas con esta condición recibe tratamiento adecuado, situación que dificulta el control de la enfermedad y eleva el riesgo de complicaciones.
Finalmente, destacó que asegurar el acceso oportuno a diagnóstico, medicamentos y procedimientos especializados como la cirugía no solo contribuye a mejorar la vida de quienes viven con epilepsia, sino que también fortalece al sistema de salud mediante intervenciones más eficientes y con beneficios a largo plazo para la sociedad.