El estrecho de Ormuz, una de las rutas clave para el transporte mundial de petróleo, volvió a convertirse en escenario de tensión luego de que Estados Unidos informara el derribo de dos drones iraníes que consideró una amenaza para la navegación internacional.
El incidente representa un nuevo aumento de las hostilidades entre Washington y Teherán, pese al alto el fuego alcanzado en abril.
La situación se agravó después de que Irán respondiera con ataques con misiles contra instalaciones militares en Kuwait y Baréin, aliados de Estados Unidos en la región. Mientras tanto, Pakistán intenta mantener abiertas las vías diplomáticas mediante contactos con las autoridades iraníes para reactivar el diálogo entre ambas naciones.
El conflicto, que también mantiene frentes activos en Líbano con enfrentamientos entre Israel y Hezbolá, continúa generando preocupación internacional por sus efectos en la estabilidad regional, los mercados energéticos y la economía global.
Entre los principales obstáculos para una solución negociada se encuentran el programa nuclear iraní, la seguridad en el estrecho de Ormuz, la liberación de activos iraníes congelados y la situación en Líbano. Sin avances visibles en las conversaciones, la guerra supera los cien días sin una salida política cercana.