En medio de un escenario de calentamiento global cada vez más acelerado, especialistas advierten que los fenómenos climáticos ya no se comportan como en el pasado, lo que complica la previsión de sus impactos en distintas regiones del mundo.
De acuerdo con modelos internacionales y estimaciones europeas, existe la posibilidad de que entre 2026 y 2027 se desarrolle un evento del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) de gran magnitud, incluso comparable o superior a los más intensos registrados en décadas recientes. Actualmente, el sistema se encuentra en una fase neutra tras la finalización de La Niña, pero se prevé que evolucione hacia condiciones de El Niño en los próximos meses, con su punto máximo entre septiembre y octubre.
Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, señaló que, aunque existe incertidumbre en los pronósticos —especialmente durante la llamada “barrera de predictibilidad de la primavera”—, es altamente probable que se presente un evento de intensidad moderada a alta, con potencial de convertirse en un episodio histórico.
El ENOS es un patrón climático natural que alterna entre fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña), afectando la temperatura global, las lluvias y fenómenos extremos. Sin embargo, el calentamiento global —que ya alcanza cerca de 1.46 °C por encima de niveles preindustriales— está modificando su comportamiento, intensificando sus efectos y alterando su distribución geográfica.
Investigaciones recientes indican que este cambio ha transformado las llamadas “teleconexiones” del ENOS, es decir, la forma en que sus impactos se manifiestan en distintas regiones. Esto implica que eventos extremos, como lluvias intensas o sequías, pueden presentarse en lugares donde antes no eran comunes.
Además, se estima que un evento fuerte podría incrementar temporalmente la temperatura global hasta en 0.3 °C, acercando al planeta a niveles cercanos a 1.8 °C por encima del periodo preindustrial.
En México, los efectos podrían ser especialmente complejos. Aunque tradicionalmente El Niño se asocia con sequías, estudios recientes sugieren que también podría aumentar la probabilidad de lluvias intensas en algunas zonas durante el verano. Asimismo, se prevé mayor actividad de tormentas tropicales y posibles huracanes más intensos en el Pacífico, impulsados por el aumento de la temperatura del océano.
Las regiones más vulnerables incluyen la costa del Pacífico, donde se espera un incremento en la intensidad y frecuencia de huracanes, así como zonas agrícolas que podrían enfrentar sequías severas, con impactos económicos significativos.
Especialistas advierten que la combinación entre el calentamiento global y la variabilidad natural del ENOS podría amplificar riesgos como pérdidas agrícolas, problemas en el manejo del agua y eventos climáticos extremos más intensos. También subrayan que una atmósfera más cálida retiene mayor humedad, lo que favorece precipitaciones más intensas, mientras que el suelo puede perder humedad rápidamente, agravando sequías.
Finalmente, destacan que los patrones climáticos están cambiando, por lo que basarse únicamente en registros históricos ya no es suficiente. Ante este panorama, se considera fundamental fortalecer la investigación climática y las estrategias de adaptación para enfrentar un sistema climático cada vez más variable y desafiante.