El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes que aplazará por cinco días un eventual ataque militar contra centrales eléctricas de Irán. La medida representa un cambio estratégico con el objetivo de abrir espacio a las negociaciones diplomáticas y evitar una mayor escalada del conflicto en Oriente Medio, que ya suma cuatro semanas de tensión.
El anuncio fue difundido a través de su plataforma Truth Social, donde el mandatario señaló que en los últimos dos días se llevaron a cabo conversaciones que calificó como “muy positivas y productivas” entre Washington y Teherán, encaminadas a lograr una “solución completa y definitiva” a las hostilidades.
La decisión se dio horas antes de que venciera el ultimátum que el propio Trump había fijado el sábado. En ese mensaje advirtió que ordenaría destruir la infraestructura eléctrica iraní si el gobierno de Teherán no permitía la reapertura total del estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio mundial de energía.
Ante este escenario, el presidente estadounidense instruyó al Departamento de Defensa suspender cualquier acción militar inmediata, condicionando nuevas decisiones al progreso de los contactos diplomáticos que, según indicó, continuarán durante los próximos días.
El cambio en el tono político tuvo efectos inmediatos en los mercados internacionales. El precio del crudo Brent cayó cerca de 7 %, ubicándose alrededor de los 104 dólares por barril, reflejo del alivio temporal ante la posibilidad de que el conflicto no escale a mayores dimensiones.
En los días previos, la tensión había provocado volatilidad en las bolsas de Europa y Asia, además de un incremento en los costos energéticos que alimentó preocupaciones sobre un posible repunte de la inflación a nivel global.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió que respondería con ataques contra instalaciones eléctricas en Israel y contra infraestructuras que suministran energía a bases estadounidenses en el Golfo Pérsico si Washington ejecutaba su amenaza.
El conflicto, en el que participan Estados Unidos e Israel desde el 28 de febrero, ha dejado más de dos mil personas fallecidas, de acuerdo con estimaciones preliminares, y mantiene latente el riesgo de una crisis regional de gran escala.
La posibilidad de ataques contra redes eléctricas ha encendido alertas adicionales, debido a que varios países del Golfo dependen de esa infraestructura para operar plantas de desalinización que abastecen de agua potable a millones de personas.
Asimismo, el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán, como respuesta a bombardeos previos, ha incrementado la presión sobre los mercados energéticos internacionales debido a su papel clave en el transporte global de hidrocarburos.
Aunque Trump anunció el aplazamiento de cualquier ofensiva, no dio detalles sobre el contenido de las conversaciones ni sobre posibles acuerdos. En declaraciones previas había afirmado que Irán buscaba dialogar, versión que fue rechazada por el gobierno iraní.
Antes de que estallara el conflicto, ambos países mantenían contactos indirectos para discutir un eventual acuerdo nuclear con la mediación de Omán, lo que sugiere que los canales diplomáticos entre Washington y Teherán aún permanecen abiertos.