El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, condenó este viernes los ataques que calificó como ilegales en Oriente Medio y alertó que la creciente confrontación entre varios países podría intensificarse hasta volverse incontrolable.
El diplomático señaló que las ofensivas en la región están provocando graves consecuencias para la población civil, además de representar un riesgo importante para la economía global, especialmente para los sectores más vulnerables.
Guterres subrayó la urgencia de frenar la violencia y abrir espacios de diálogo. Indicó que el momento exige poner fin a las hostilidades y dar paso a negociaciones diplomáticas serias que permitan evitar una escalada mayor del conflicto.
Por su parte, la agencia de la ONU para los refugiados, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), informó que cerca de 100 mil personas han sido desplazadas dentro de Líbano, mientras que miles de refugiados sirios han comenzado a regresar a Siria cruzando la frontera. El organismo describió la situación como una grave emergencia humanitaria.
La escalada ocurre en medio de los enfrentamientos entre Israel y el grupo Hezbolá, apoyado por Irán, tras el inicio de una ofensiva aérea conjunta de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní a finales de febrero.
Durante una conferencia en Ginebra, el director de Emergencias del ACNUR, Ayaki Ito, explicó que la crisis requiere una respuesta inmediata y coordinada a nivel regional.
El funcionario advirtió que el número real de personas desplazadas podría ser mayor al reportado. De acuerdo con el organismo, alrededor de 100 mil personas también han abandonado sus hogares dentro de Irán en los primeros días del conflicto, mientras que las oficinas del ACNUR reciben diariamente cientos de solicitudes de ayuda por parte de ciudadanos iraníes.
Asimismo, la Organización Mundial de la Salud reforzó la vigilancia sanitaria en Líbano ante el desplazamiento masivo. La directora regional, Hanan Balkhy, expresó preocupación por la falta de agua potable y servicios de saneamiento entre la población afectada, lo que podría incrementar el riesgo de enfermedades.