Desde hace más de tres décadas, México no registra casos de poliomielitis como resultado de una sólida política de salud pública, en la que la vacuna hexavalente forma parte fundamental del esquema básico de vacunación. Este biológico protege no solo contra la polio, sino también contra difteria, tosferina, tétanos, hepatitis B e infecciones por Haemophilus influenzae.
El acceso a esta vacuna está garantizado durante todo el año para población con o sin seguridad social en más de mil 500 Unidades de Medicina Familiar (UMF) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en todo el país, informó el doctor Enrique Alcalá Martínez.
El coordinador de Programas Médicos del IMSS explicó que la poliomielitis afecta principalmente a niñas y niños menores de cinco años, por lo que la vacuna se aplica a los dos, cuatro y seis meses de edad, con un refuerzo a los 18 meses. En caso de esquemas incompletos, subrayó la importancia de acudir lo antes posible antes de cumplir cinco años para recibir las dosis faltantes.
Cada año, el IMSS aplica en promedio más de un millón de dosis de la vacuna hexavalente. A nivel mundial, solo Afganistán y Pakistán mantienen un número relevante de casos, mientras que el resto del mundo se considera libre de la enfermedad.
La poliomielitis se transmite principalmente a través de agua o alimentos contaminados con heces que contienen el virus y puede provocar secuelas graves como parálisis, insuficiencia respiratoria y deformidades musculares.
Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor de cabeza, malestar general y vómito. El mayor riesgo lo enfrentan personas no vacunadas, con desnutrición, en condiciones de hacinamiento o pobreza extrema.