Ante el incremento de los movimientos migratorios a nivel global, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró en el año 2000 el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante. Esta conmemoración busca promover el intercambio de experiencias y la cooperación entre países y regiones frente a los desafíos que plantea la migración internacional.
La instauración de esta efeméride tiene como objetivo dar visibilidad a los obstáculos, riesgos y dificultades que enfrentan millones de personas migrantes en el mundo, además de exhortar a los Estados a trabajar para que la migración se desarrolle de manera segura, ordenada, regular y con pleno respeto a la dignidad humana.
Para el Día Internacional del Migrante 2025, la ONU eligió un enfoque que resalta el papel fundamental de la migración en el desarrollo mundial. Bajo el lema “Mi gran historia: culturas y desarrollo”, se enfatiza que la migración no solo es un fenómeno social, sino un motor clave para el crecimiento económico, la diversidad cultural y la resiliencia de las comunidades.
En un contexto global cada vez más interconectado, las personas migrantes continúan influyendo de manera decisiva en el presente siglo. Su participación es esencial en sectores donde existe escasez de mano de obra, contribuyen a la innovación y ayudan a equilibrar la dinámica demográfica de numerosos países.
Asimismo, se prevé que en 2025 las remesas enviadas a países de ingresos bajos y medios alcancen cifras históricas, consolidándose como un sustento indispensable para millones de hogares y economías locales.
No obstante, la ONU subraya que estos beneficios solo se potencian cuando la migración se gestiona de forma adecuada. Políticas públicas integrales —que contemplen el reconocimiento de habilidades, la integración social y laboral, así como alternativas de retorno digno— permiten a las personas migrantes construir proyectos de vida estables y, al mismo tiempo, fortalecer la cohesión y el bienestar de las sociedades receptoras.
Con este mensaje, la Organización Internacional para las Migraciones llama a intensificar la cooperación internacional y a impulsar políticas más humanas e inteligentes. Cada migrante porta una historia de esfuerzo y esperanza, y cuando estas historias se entrelazan, dan forma a un desarrollo más equitativo, sostenible y culturalmente diverso que beneficia a toda la sociedad.
Origen del Día Internacional del Migrante
Uno de los antecedentes más relevantes de esta conmemoración es la adopción, en 1990, de la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares por parte de la Asamblea General de la ONU.
Posteriormente, en 2016, se dio un paso significativo con la aprobación de la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes, la cual reconoce la contribución positiva de la migración y reafirma el compromiso de proteger la seguridad, dignidad, libertad y derechos humanos de las personas migrantes.
La migración humana abarca los desplazamientos voluntarios o forzados de personas fuera de su país de origen o residencia, ya sea de manera temporal o permanente. La principal motivación suele ser la búsqueda de mejores condiciones de vida para ellas y sus familias, así como la superación de desigualdades económicas, sociales y demográficas.
Entre las causas más comunes se encuentran el hambre, el desempleo, los conflictos armados, la persecución política, ideológica o religiosa, así como los efectos del cambio climático y los desastres naturales.
A ello se suma la demanda de mano de obra en países más desarrollados, donde ciertos sectores requieren trabajadores que, en muchos casos, desempeñan labores con baja remuneración y escasos beneficios. Pese a ello, la población migrante contribuye al crecimiento económico al incrementar la fuerza laboral, el consumo y la actividad empresarial en los países de destino.
El avance tecnológico, la mejora de infraestructuras y la mayor movilidad de capitales también han facilitado los procesos migratorios. Sin embargo, las políticas restrictivas y las expresiones de xenofobia han limitado estas dinámicas, favoreciendo el aumento de personas en situación migratoria irregular.
Actualmente, los esfuerzos internacionales se orientan a reforzar la cooperación entre países para proteger los derechos humanos de las personas migrantes y promover un desarrollo sostenible e inclusivo.
Se calcula que en el mundo hay más de 36 millones de niños migrantes. En 2019, la población migrante internacional alcanzó los 272 millones de personas, lo que representa un incremento de 51 millones respecto al año 2000. Además, existen cerca de 68 millones de personas desplazadas forzosamente, incluyendo refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos.
Por regiones, Asia alberga el 31% de la población migrante internacional, Europa el 30%, América el 26%, África el 10% y Oceanía el 3%. Estas cifras reflejan la magnitud y complejidad del fenómeno migratorio a escala global.
La migración, ya sea voluntaria o forzada, puede representar una vía para resguardar la vida, la libertad y la integridad de quienes se ven obligados a abandonar su lugar de origen. Por ello, resulta fundamental priorizar la dignificación de la migración, garantizando un trato respetuoso, sin discriminación y con pleno reconocimiento de la diversidad y la inclusión social.
Promover una migración con dignidad implica reconocer el valor humano de cada persona migrante y asegurar que sus derechos sean respetados en todo momento, independientemente de su situación o lugar de destino.